Un par de días después de que volví de Cuetzálan entró una nueva onda encantada en el calendario maya. Era la de Manik, la mano, la sanación y ese era su propósito: sanar.
Mi regreso al DF después de todo lo vivido en Cuet estuvo plagado de un sin fin de emociones. Ya tenía algunos días, incluso antes de lanzarme para allá, que andaba medio movida, un tanto bloqueada. Sabía que algo importante iba a pasar y aunque no sabía que era, sin duda así fue. Nunca pensé que lo que sucedió sería lo que iba a ocurrir y a pesar de creer en la perfección de ello, me movió mucho. Pero eso, la vida tan perfecta y yo que me aferro a ella. Y por esas cosas que suceden en la vida vino el viernes pasado un amigo que conocí apenas alguna vez, en Vallarta. Paco, se llama y es un gran tipo. Se dedica, entre otras cosas a practicar unas terapia que se llama craneo sacral. Es todo un viaje al respecto pero me quedó con lo que mi amigo me dijo: "Es una afinación a tu cuerpo, a tu ser". Fue una experiencia increíble pero al día siguiente me seguía sintiendo igual: bloqueada, movida. Bien me había dicho Paco que tampoco era algo que iba a repercutir en mi luego luego, que tomaba entre tres o cuatro días, a veces hasta más, dependiendo de la apertura a la sanación.
El domingo fue un día importante. Justo una noche atrás me topé con el espejo de Fer, mi querido Fer, y me reveló muchas cosas el reflejo que se creó. Así que el domingo desperté con otra sensación. Trabajé en mi tesis, me empecé a clavar de nuevo en ella y me di cuenta que sí quiero ser etnóloga. Que quizá la investigación desde la disciplina científica antropológica no es tanto lo mío pero que es un requisito que tengo y quiero cumplir para después dedicarme a hacer lo que en realidad me mueve: antropología aplicada, cotorrear con la banda, aprender de ellos, escucharlos, compartir para también, a raíz de eso, escribir, escribir y escribir. La antropología tiene mil caminos y dentro de ellos sé que puedo hacer todo lo que quiero: compartir con la gente, escribir sobre la experiencia de compartir y clavarme en la onda de la etnoecología y el desarrollo comunitario. Ahora mi corazón lo confirma: sí, quiero ser etnóloga, quiero ser escritora, quiero viajar, conocer y compartir con la gente, trabajar con ellos.
Mañana termina la onda encantada de Manik, en mí cumplió su cometido, fueron trece días de sanación intensa y finalmente, hermosa. Viene un nuevo ciclo, dentro del gran ciclo en el que he vivido desde hace un año y medio. Confirmo mi camino de vida a través del amor y para llegar a él, a amar incondicionalmente. El agradecimiento no cesa en lo más profundo de mi ser a todo y a todos, a la perfección de la vida.
Tiempos hermosos vienen, lo sé, lo siento. Falta poco para terminar la licenciatura, un mes y medio prácticamente. El domingo me voy a Tlaxcala a hacer una práctica de campo durante una semana. Estoy muy emocionada por eso, mi corazón me dice que cosas importantes voy a vivir allí y no se ha equivocado mucho en los últimos tiempos. Me emociona escuchar a mi corazón, entender después que verdaderamente lo escuché. En Tlaxcala acamparemos. Le pedí a Cambero su casa de campaña. La práctica no será sólo esta vez con estudiantes de mi escuela, de la ENAH, sino con otros más de la Universidad de Morelia, de Tlaxcala, de Puebla. Trabajaré con estudiantes de agronomía, biología. Trabajaremos con los campesinos en torno a la diversidad biocultural del lugar. Conoceremos, entre otras cosas, su opinión sobre la problemática actual del calentamiento global. Otra vez andaré caminos y veredas, cotorrearé y aprenderé de las personas. Dormiré plácidamente en esa casa de campaña, despertaré temprano para ver el sol. Comeré tortillas echas a mano y tomaré aguamiel y pulque de los tlachiqueros. Compartiré con mis compañeros y otros que no conozco pero serán mis compañeros en este gran viaje, en esta gran práctica.
Tlaxcala viene, una nueva onda encantada viene, la vida viene y "es mejor caminar pa ir creciendo"...
¡Salud!
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