domingo, 13 de noviembre de 2011

Macaria y Cirilo

Con el recuerdo feliz de aquella noche de cantina que nos unió...



Así eran Cirilo y Macaria cuando se conocieron. Era una tarde de domingo, tres meses atrás: Macaria fue a arreglar los últimos detalles para la investigación que próximamente haría en una comunidad cercana al pueblo de Cirilo cuando lo vio cruzando la plaza, con su traje de volador y un paliacate en la frente; lo siguió con la mirada sin lograr que él la viera.

Esa noche, antes de partir del pueblo al día siguiente muy temprano, Macaria fue a tomar una cerveza a la cantina. Cuando abrió el par de puertas de madera vio a Cirilo en una mesa, acompañado de otros hombres. En ese momento, Cirilo volteó a verla, sus miradas se encontraron unos instantes, hasta que unos conocidos, desde una mesa cercana a la de Cirilo, le hicieron señas invitándola a sentarse con ellos. Desde sus lugares las miradas continuaron entre tímidas y sensuales, haciéndola sentir como en la primaria, cuando veía al niño del que estaba enamorada y la emoción le provocaba eso que llaman mariposas en el estómago. Pese a ello, le sonrió y él correspondió a la sonrisa.

Intentando esconder su emoción por el inesperado encuentro, Macaria se paró a la rocola y a manera de serenata puso Tengo el Alma Enamorada, con Chalino Sánchez, Perfume de Gardenias, con La Sonora Santanera, y la vieja pero clásica salsa Devórame Otra Vez. Al terminar la última canción, Cirilo, que no había dejado de mirarla, alzó su trago. Ella también levantó el suyo y el salud se leyó en los labios de ambos.


De pronto se dio cuenta que se había quedado sola por unos instantes y él se acercó a su mesa. “¿Me puedo sentar?”, preguntó; Macaria movió una silla como respuesta. Con la sinceridad que fue tomando la plática, le confesó que lo había visto por la tarde con su traje, con su ser. “Sí, soy volador” le dijo, y la conversación se prolongó varias horas con una gran devoción hacia la vida. Hablaron del amor, del respeto, del volar, de la libertad. Hablaron de casi todo y se lo dijeron todo con el corazón.

Cuando los acompañantes de Macaria decidieron irse, se despidió de Cirilo. Supo que era el momento de hacerlo, no tanto por el hombre que en aquel entonces tenía en el corazón, sino por esa otra de sus manías, la de darle más emoción a los encuentros, a ver si pronto le ocurría uno como los de las películas de cine de arte que tanto le gustaban, esos encuentros furtivos e inesperados que terminan siendo el amor de su vida uno del otro. El abrazo de despedida fue fuerte y largo. Macaria intentó separarse pero Cirilo no la soltó; se quedó unos instantes más en sus brazos y se sintió segura. “Escríbeme”, le dijo Cirilo después de darle un beso en la mejilla. Macaria asintió con la cabeza y desde el filo de la puerta, se miraron de nuevo.

A la mañana siguiente, de camino a la terminal de autobuses, fantaseó con que él la estaría esperando, recordando la hora y el lugar del que le había dicho la noche anterior que partiría. No fue así. Supo que por algo era.

domingo, 6 de noviembre de 2011

mañana empieza una semana importante. este fin de semana mi casa estuvo llena de amigos y mi corazón estuvo más contento por eso. me quedo con esa felicidad, con la que me da siempre ver a Gabo, a Cambero, con el gusto por el que Tanya haya venido y se convirtiera en un gran espejo. me siento una mujer muy afortunada. estoy rodeada de gente hermosa, de grandes espejos que me hacen aprender.

mañana volveré a mi tesis, a clavarme en ella. prácticamente en un mes salgo de la escuela y termino ese gran ciclo en mi vida. pero no todo termina ahí y en enero tengo que volver a El Mezquital a terminar mi servicio social, sería mi última práctica de estudiante. espero con ilusión el próximo año porque sé que cosas importantes pasarán, para mi, para todos.

estoy escuchando a mi corazón y eso me vuelve locamente feliz, ahora continuar con lo importante: actuar a través de él. y siento que lo estoy haciendo, que cada vez soy más amorosa, conmigo misma, con quienes me rodean.

mi corazón está tranquilo, emocionado y feliz. es increíble y divina la perfección de la vida...

martes, 1 de noviembre de 2011

Cambia, todo cambia

Esa mujer que era ya no soy.Quizá no cause asombro, todos cambiamos aunque a veces no nos demos cuenta de ello. Pero justo ese es el punto: yo me he dado cuenta del cambio, lo siento en mi. Vaya, con esto no quiero decir que soy más chingona que nadie, solamente que siento que soy otra, otra mujer, que la mujer que era ya no soy.

Sin embargo, de vez en vez,sigo volteando al pasado, pero también allí es cuando empiezo a sentir que soy otra, porque ya no volteo a lo que fue, a lo que fui con mirada nostálgica ni me quedo hecha piedra mirando hacia atrás como la mujer de Lot. Sí, volteo de vez en cuando y la mujer que soy ahora le sonríe, con complicidad, a la mujer que fui y agradece por ello.

Y es que este año, que está por terminar fue de gran enseñanza y aprendizaje, que no son lo mismo pero son parte de. Las enseñanzas siempre están ahí,la vida misma es una enseñanza pero nosotros decidimos si aprendemos o no y cómo y en qué momento.

El 2010 fue de gran enseñanza, en el 2011 me dediqué a aprender y a actuar las enseñanzas y el aprendizaje. Porque en el 2010 la vida me enseñó que todo lo que ocurre en ella es perfecto y este año lo sentí y lo acepté amorosamente. Porque el año pasado soñaba con escuchar a mi corazón y actuar a través de él en la vida y sus sorpresas, y este año caminé fortaleciendo mi paso cada vez más ante tantas sorpresas-chidas y no chidas- que ella me puso en el camino. Y en ese camino aprendí a escuchar a mi corazón y a reflejarme en los demás para escuchar también el de ellos.

Por eso llegó ese hombre a mi vida, mi segundo gran espejo amoroso e implacable. Apenas hace unos días descubrí cuál era una de las cosas que me movían tanto cuando estaba con él, cuando me reflejaba en él: ese hombre me hacía dudar si realmente estaba escuchando a mi corazón o no. Y es que cuando creía que sí, lo estaba escuchando, llegaba él como reflejo implacable y me hacía dudar. Después, igual, con su reflejo sentía que sí lo escuchaba. En fin, así todo el tiempo, que sí, que no.

Y es que sus ojos eran un reflejo hermoso, imposible no mirarse en ellos para aprender...

Vaya, parece que sí he cambiado porque ahora afirmo:

Tengo a un hombre en el corazón aunque sé que en este aquí y ahora no vamos a estar juntos y aún así, me hace feliz.

Uf, vaya que he cambiado, que estamos cambiando...