"Hay una sola
aspirina del alma
y es el amor"
Alejandra Pizarnik
Hoy tengo ganas de hablar y que me escuchen. De platicar, por ejemplo, que tengo a un hombre metido en el corazón; un hombre bueno, de corazón hermoso, de sonrisa que ilumina a la misma luna, con un pecho que se antoja para dormir en el las noches que el amor lo dicte. Un hombre noble, inteligente, encantador; un hombre con miedo, confundido, enojado. Y yo quiero a ese hombre, lo quiero como sólo a él se puede querer: con ternura, con paciencia, con pasión, sin coartarle su libertad, sin ser un obstáculo en sus procesos.
Hoy tengo ganas de contar que ese hombre me besa como hace mucho no me besaba otro hombre, y lo mejor, me hace sentir en un beso lo que hacía mucho no sentía con uno: ni mejor ni peor, sólo algo diferente. Ese hombre es un gran espejo para mi, esa es su esencia, aunque a veces parezca que se reúsa a conectarse a ella.
Ese hombre y yo somos tan diferentes que, pareciera, ni el destino pensó en presentarnos. Pero a veces olvidamos que hay algo más poderoso, más fuerte y más real que el destino: el perfecto y eterno presente que nos acomoda en nuestro preciso lugar. No en uno mejor, según lo creyéramos nosotros, ni en uno horrible, como nos hacen pensar, no, nos acomoda en nuestro justo espacio y tiempo. Y a él y a mí nos acomodó en una tarde de escuela, yo con una playera verde, él con su inconfundible pashmina y yo ni le puse atención y seguramente él tampoco a mí. Pero luego, otra tarde después de clase, un viaje que me cambió la vida, una materia recursada, un comenzar a mirarnos diferente.
Hoy tengo ganas de platicar que con ese hombre me gustaría construir cosas hermosas, pero él tiene miedo, dolor, aunque también tiene ganas de amar. Y a veces, como hoy, su miedo se refleja en mí y empiezo a quererlo con miedo aunque sé que así no se debe querer. ¿Pa qué querer con miedo si no nos deja querer bien a quien queremos bien querer? Pa qué querer con miedo si la vida no deja de ser perfecta en ningún momento, (aunque a veces creamos lo contrario y le hagamos berrinches) si esa perfección me ha traído a un hombre- espejo que seguramente me ayudará a aprender y a crecer.
Sé que no hay razones para tener miedo pero aún así, siento un poco. Quisiera quedarme prendida en sus brazos sin miedo. Tomarlo de la mano sin miedo. Hacernos el amor sin miedo. Andar juntos por la vida sin miedo. Vivir este hermoso encuentro sin miedo, ¿Pero qué he de hacer? También soy humana, una mujer en su camino de hacerse, de ser una buena mujer, un buen ser humano y contribuir al bien-estar de la humanidad….o por lo menos así lo siento y lo asumo: ese es mi camino. Y ahora sé que no quiero miedos en él, que no quiero andar con miedo. Quiero agradecer siempre su presencia en mi vida, su estar aquí, su acompañarme a pesar de sus propio miedo. Quiero agradecer – y agradezco- que sonría cuando está triste sólo porque le digo que se va más guapo cuando sonríe. Que me cumpla el gusto de verlo sonreír y con ello ilumine más mi vida.
¿Qué más puedo pedir? Estoy llena de amor, de amigos, de sueños, de tierra, de paisajes, de árboles y cielos. Llena de magueyes, lunas, ríos. Estoy llena de ilusión por querer a un hombre, y ese hombre me hace suspirar cuando lo pienso. Ese hombre me hace mojarme cada vez que me besa y me acaricia y cuando me abraza de la cintura un pequeño remolino empieza a recorrer mi cuerpo. ¿Qué más puedo pedir si quiero a un hombre que me erotiza y me da felicidad?
Hoy sólo quería hablar y que me escucharan, pero cuando no hay alguien con quien hacerlo, ahí está la poesía, el escribir, para escucharme a mí misma, a mi corazón, y decidir, por ejemplo, que no quiero al miedo como amante de esto que siento .Que por eso quiero a la poesía, que por eso amo escribir. Y por eso y muchas razones más lo quiero a él: para bienquererlo y escribir-le.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Amor a primera vista
Cuando leo a poetas como esta, me da risita lo que yo escribo...
Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.
Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?
Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.
Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.
Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.
Wislawa Szymborska
Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.
Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?
Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.
Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.
Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.
Wislawa Szymborska
Suscribirse a:
Entradas (Atom)