jueves, 6 de octubre de 2011

"Demasiado amor"

De un libro de Sara Sefchovich

***
Gracias a ti se me han quedado llenos para siempre los ojos de luz, de agua, de piedras, de sol, de tierra y cielo, de verdor. Para siempre tendré en mí nopales y magueyes, laureles y palmeras, ahuehuetes, encino, pinos y robles. Para siempre tendré en mí flores de mil colores, frutas de mil sabores, gentes morenas…

***
Contigo conocí los trece cielos y los cinco soles, los cinco mares, los cinco colores y las cuarenta y dos razas de la planta del maíz. Contigo conocí los cuatro espacios y los cuatro tiempos, los cuatro elementos y los cuatro puntos cardinales que son las direcciones del mundo.

***
Quise agotar contigo todas las posibilidades, vivir contigo todos los excesos. Te seguí por los senderos oliendo el polvo que guardaba tus huellas, el aire que guardaba tu olor. Te seguí por las montañas mirando el pasto que habías pisado, la luz que conservaba tu imagen. Te seguí por todas partes, siempre dispuesta para el misterio de tu amor. Te seguí sin destino, sin plazo ni tiempo, sin orden ni plan, tuya a todas horas y en todo tiempo, en todos los momentos, en lluvia, en neblina, de noche y de día, siempre lista, siempre abierta, siempre entregada, tuya. Fui la empapada en una tarde de tormenta, la acostada todo el tiempo y a cualquier hora, la que no conservó intimidad. Fui la que te entregó sus sueños, la que te esperó y la que te inventó. Fui la que vivió por ti, por los amaneceres contigo, por tu cuerpo, tu boca, tu pelo y tus dientes, por tus manos y tu olor, el olor de tus dedos que me habían recorrido, el olor de tus líquidos en las tardes. Fui la sorprendida, la estremecida, la inquieta, la procaz, la temerosa. Yo y mi deseo, mi desasosiego, mi vergüenza, mi rabia, mi impudor. Tus besos fueron los primeros del mundo, tus brazos los primeros de la tierra, tu semen el único del universo.

Tú fuiste mi dueño, el que de mí se adueñó, el trenzado conmigo, el enredado conmigo. Tú que has sido mi medida del infinito, mi idea del absoluto. Tú que me has convertido en agua y en luz, en sudor y en calor, en sueño y en placer. Tú que me has besado, tú que me has llenado de leche, tú. Todos los lugares y todos los recuerdos y todos los sabores y todas las memorias y colores y olores y sensaciones y sonidos sirven para invocarte a ti. A ti te he cantado mil canciones, te he dado mil veces las gracias, te he alabado en mil salmos. Yo me convertí en eso que tú querías, una apasionada, una loca, una enferma, llena de ímpetus y languideces, pasiones y ternuras, alegrías y calmas. Fui dos mujeres, diez mujeres para ti. Fui la aventurera y la que te quería retener, la ansiosa, la ridícula, la melancólica, la intensa, la sublime, la agitada, la poseída, todo eso fui.

***
Porque te amé en el silencio y en el ruido, en el movimiento y detenidos, de día y de noche, semana tras semana y mes tras mes. Te amé en el alba y en medio del mundo, a la hora del café y con todo y mi llanto. Te amé desnudo y abandonado y errante y compañero, perdido y dando vueltas infinitas y sin poder acabar de llegar. Te amé en el tiempo y en los caminos, en la agitación y en la risa, en las horas que corrían lentas, echados y buscando. Te amé porque en tus ojos vi el paraíso, en tus manos sentí el paraíso, en tu sexo viví el paraíso. Te amé porque fuiste mi vida, mi destino singular, mi aventura y mi paz, la inmensa quietud y la profunda entrega. Te amé porque fuiste mi locura, mi borrachera y mi obsesión. Te amé por cercano y por ausente, por alegre y enojón, porque me habitaste y me llenaste y me obligaste y me hiciste mirar y me llevaste y me subiste y me montaste y me dijiste y me tomaste y me probaste y porque no me dejaste ir. Te amé por eterno y por sabio y por demente y por hombre cansado y por sensual. Porque me turbaste y me incitaste y me violentaste y me hiciste ser tierna y ardiente y pasional. Te amé porque me dejaste hechizada y prendida, porque me desordenaste y me vaciaste y me hiciste grande, infinita, fresca, ilusa, loca, ingenua y feliz. Y te amé porque me enseñaste este país, con toda su alegría y todo su amor, con sus colores tan vivos y sus artesanías, con sus edificios y sus comidas, con se gente de buen corazón.

***
Gracias Señor. Gracias mil veces, una y mil veces. Gracias por los dulces de leche y por los puentes al amanecer, por los higos y los arboles y hasta por lo que no pude ver. Gracias por este cuerpo que supo recibir, gracias por mis deseos, por los fantasmas que no pude invocar y las ilusiones que pude imaginar. Gracias por él. Gracias por las palabras, por los silencios, por las canciones, por las noches abrazados después de hacer el amor. Gracias por cómo lo he amado, por mi éxtasis y mi ensueño, por mi encantamiento y mi calentura, por mi ternura y mi sorpresa, mi dicha y mi embriaguez. Gracias por la pasión, por la intensidad, por la felicidad. Gracias, Señor.

***
¿Acaso no habíamos ya ido por todos los caminos, realizado todas nuestras fantasías, soñado todos nuestros sueños, vivido todas nuestras ilusiones, hecho todas nuestras imaginaciones? ¿Seguiríamos así por el mundo, así por la vida, sin un lugar para llegar, sin un momento para parar, sin un futuro por planear? ¿Teníamos otro destino que seguir y seguir? ¿Y podía nuestro destino ser sólo seguir y seguir?


***
Esta es la última vez que yo te quiero, en serio te lo digo, hora es de terminar, hora de ponerle fin a tanto amor, de dejar al más bendito entre los Hombres, al Único, fuego, viento, luz, ardor, vuelo, semen. ¿Hay otro nombre que tu nombre? ¿Otros ojos como tus ojos en los que estallan las más vastas pasiones?


***
Hermana, esta es la última carta que te escribo. Mañana mi vida habrá cambiado, para mí se habrá decidido otro destino. Hubo un hombre al que amé muchísimo. Lo amé con amor eterno como pedía Jeremías, lo amé con locura, con exaltación. “Dulce como esta luz era el amor. Dulce como este sol era el amor. Amor, contigo y con la luz todo se hace y todo lo que haces amor, no acaba nunca”. Con el fui por la tierra y por el agua, con él conocí el cielo y el sol, la noche, la lluvia, la dicha. Toda mi vida estaba suspendida en el amor a él, esa vigilia, esa espera de los fines de semana que era cuando me buscaba. Tenía yo siempre el corazón en alerta, los sentidos en tensión. Pero lo que no tenía era destino.

Hoy terminó para mí esta historia de amor, mi historia de amor. Pero así tenía que ser. Yo lo había convertido en Dios y al Dios hay que arrastrarlo por los templos. Estoy tranquila como hace mucho no lo estaba. La calma perfecta y el silencio absoluto, con el espíritu alejado de todo, sumida en una serenidad indecible. “Que los Dioses perdonen todo lo que he hecho y que quienes amo traten de perdonar lo que he hecho”. Ya no lo veré nunca más ni veré tampoco los rincones de la patria. Te mando un cuaderno con mis recuerdos, los del hombre amado y los del país amado. Enséñaselo a mi sobrina, a mi ahijada. Dile que su tía Beatriz se lo dejó para que sepa que existe el amor y que existen los sueños. Dile que se puede amar mucho. Dile que hasta es posible amar demasiado, con demasiado amor.

5 comentarios: